Ben Harper - Own two hands
20 mayo 2011
Las plazas están tomadas. Es emocionante verlo y vivirlo, sentir como la calle se llena de pasos, de personas, de ganas de hablar, de discutir, de gritar, de sacar la indignación, la apatía, el desencanto que ahogaba sordamente en el pecho. Ayer sentía como si se abriera una plaza que dejaba respirar mejor a la gente, a pesar del gentío, de las apreturas. Merece la pena vivir estos días, este entusiasmo, meterte en los debates, discutir, darte un abrazo. ¿No llaman a las elecciones “la fiesta de la democracia”? Pues esto sí lo es, es una fiesta y eso que llaman democracia. Sólo por eso merece la pena.
Las plazas están tomadas. Miles de personas en casi 70 ciudades españolas han tomado las plazas y la palabra para intentar tomar las riendas de este caballo desbocado, deslenguado y descastado en el que se ha convertido la democracia en este país, que más que dar libertad y garantizar derechos, los cocea impunemente. Once ciudades en Europa se han unido. Tres en América Latina. Mañana lo hará Sydney. Ha llegado hasta las antípodas. Allí lo oyen y aquí ni se enteran.
No se enteran los que se tienen que enterar. No hemos visto un sólo gesto de autocrítica, reflexión, arrepentimiento. Miles de personas en la calles de 70 ciudades de España afeándoles la cara y ni uno solo ha dado la cara para decir: “nos hemos equivocado, algo hemos hecho mal para que todos vosotros estéis en la calle protestando y en la calle sin trabajo y sin casa”.
No se enteran, no. Unos se han permitido el lujo de decir que las reivindicaciones de la calle son las mismas que ellos hacen en sus programas. No me lo cuentes en tu programa, hazlo. Otros han respondido que éste es el clamor de la gente contra el gobierno. Que no, que no, que no se enteran, que no.
El presidente del gobierno ha dicho que hay que ser sensibles a estas protestas. Si lo fuera, pediría perdón, asumiría su responsabilidad. Tampoco lo ha hecho el líder de la oposición. Ayer respondió diciendo que “la democracia consiste en echar a un gobierno que no está a la altura mediante el voto”. Lo que no está a la altura es esa definición de democracia. Ni probablemente quien la reduce a cosa tan ridícula y se retrata tan ridículamente con ello.
Y luego se extrañan de que la gente esté indignada. La gente está hasta los herzios precisamente de políticos que no dan la talla, ni la cara, que se hacen los sordos o lo que es más preocupante: lo son. Listas llenas de políticos corruptos, políticos amigos de banqueros, políticos imputados que no sólo no dimiten sino que se presentan y ganan. La gente también está hasta los herzios de la gente que les ampara con su voto. Por eso aquí ha ocurrido lo que en ningún otro país occidental. España es el primer país de las llamadas “democracias avanzadas” donde miles de ciudadanos han decidido no sólo manifestarse y caminar sino acampar, sentarse, dormir en la calle tomar las plazas y pararse. Pararse porque estás en paro, pararse por los que están parados pero pararse. Pararse para pararlos.
La Junta Electoral Central quiere parar las manifestaciones. Como ya sabréis, ha prohibido las concentraciones en el día de reflexión y de elecciones. Si quieren prohibir algo que altera la libertad de voto que prohíban las listas cerradas y los mítines en los que haya insultos y los candidatos corruptos. Eso sí que debería ser ilegal.
Por eso, la gente está dispuesta a juntarse a pesar de la Junta. Gente junta contra la Junta. La gente va a salir a reflexionar a las plazas que han sido siempre el lugar de charla, discusión o donde se buscaba trabajo antes de que se convirtieran en centros comerciales al aire libre. La gente reflexiona porque está hasta los herzios de genuflexionar. Y porque como dice José Luis Sampedro: es mejor arriesgarse a perder que perder por no haber arriesgado
Javier Gallego (Carne Cruda, Radio 3)
Javier Gallego (Carne Cruda, Radio 3)
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