Amos Lee -
Fue a mediados de los 60 cuando Charles Singleton y Eddie Snyder pusieron letra al tema, compuesto por Bert Kampfert, 'Strangers in the nigth'. Pero, si traducimos la letra, parece que sea actual y que hable de Bilbao. Lo digo por la estrofa: “Extraños en la noche, dos personas solas, éramos extraños en la noche”. En especial, por lo de solas. Bilbao, de noche, es un solar. Y es tan evidente, que ayuntamiento y hosteleros saben que, si no remamos juntos, nos caeremos por la catarata. Ojo, no es un problema exclusivo del Botxo. En Madrid peligra el día del Orgullo Gay por la prohibición del consistorio de que haya música y “fiestuqui” en la plaza de Chueca. Y todo, por la queja de algunos vecinos. Los mismos que olvidan cómo era Chueca antes de que gays y lesbianas hicieran del barrio un lugar agradable. Con sus restaurantes y bares de diseño, sus tiendas de moda y sus salas de arte. Y todo, entremezclado con el Madrid más cañí y chulapón. Cambiaron la cara a una Chueca que languidecía pese a estar en un lugar privilegiado. Pero a todo se acostumbra uno. Y ahora ese vecino, cuya vivienda ha multiplicado su valor, en una calle que ha ganado presencia, se queja de los ruidos. Da igual que la fiesta suponga 150 millones de euros para la ciudad. Como ven, en todas partes cuecen habas. La diferencia, es que en Madrid la población flotante ronda el millón diario. De manera que la noche sobrevive y la economía también. Lo malo de Bilbao es que las visitas son menos y el clima no ayuda. Por lo que urge llegar a una solución.
No se trata de salvar a la hostelería y el comercio, sino de salvar a Bilbao. Y, por ende, a Bizkaia. Porque, si en la capital el panorama es desolador, no les cuento en el resto del territorio. Donde da igual lunes que sábado. Todo pinta mal. Pienso en los años dorados de Mungia, Gernika, Amorebieta, Durango, Portu, Baraka, las Arenas…y me pongo a llorar. Cierto que la crisis y los controles de alcoholemia han acabado con las visitas a pueblo ajeno, que se lo pregunten al puerto deportivo de Getxo o al puerto viejo de Algorta, pero hay más. Me refiero a la cabezonería de unos y otros. Como decía Jack el destripador “vayamos por partes”.
Las autoridades: sus latigazos contra el tasquero a base de multas por ruidos, horarios y aforo han sido letales. Se han dado situaciones surrealistas. Ahora quieren “flexibilizar”. Podrían empezar con multar lo justo, acosar menos y rebajar impuestos.
Los hosteleros: No puede ser que te peatonalicen la calle y no abras en festivo o en domingo. Y no me vengan con la conciliación familia-trabajo. Si se puede, es maravilloso. Pero servidor nació en familia hostelera y veía menos a mi padre que Marco a su madre. Y no tengo traumas reseñables. El estado del bienestar se acabó. Tampoco el lógico que cobres precios indecentes. Equilibrio y respeto. Esa es la clave.
Los vecinos: No se puede en vivir en una ciudad, con el silencio del campo. Una cosa es respeto por el descanso ajeno y otra ser un tábano para el bar de abajo. Conozco a gente que protesta por un quítame allá esa terraza y luego le importa un bledo tostarse a copas en otro barrio de Bilbao a costa del sueño de sus vecinos. Pero, amigos eso se llama educación. La misma que nos falta cuando disfrutamos de las fiestas pero protestamos si nos colocan la txosna cerca. Que se joda el otro. Muy nuestro.
Dicho esto, recordemos que el comercio y la hostelería suponen 20.000 puestos de trabajo para Bilbao. Ahora piensen en todas esas familias. Y trasládenlo a todas y cada una de las localidades de Bizkaia. Urge hacer algo. No lo digo yo, lo dice hasta Azkuna. Al final, y por una vez, voy a tener razón. Si no fuera porque está todo cerrado, cogería el coche y me plantaba en Bilbao para ir esta noche de copas.
Jon Uriarte, El Correo, 18 Junio 2011.
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