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sábado, 12 de noviembre de 2011

Destroce su casa


Booker T.Jones - Native New Yorker
Tendrían unos veinte años. Estaban bebidos, pero no tanto como para no razonar. Intentaban llevarse una señal de tráfico de Alameda de Mazarredo. Al no lograr su objetivo, colocaron un contenedor en medio de la calle, lo rompieron y esparcieron su contenido. Sucedió en Bilbao, pero pudo pasar en cualquier lugar. Imbéciles, hay en todas partes.
En Madrid, el pasado Julio, quemaron tres cajeros en Malasaña. Al día siguiente los informativos abrieron con la quema de un cajero…en Portugalete. Que quema sin política, ni es quema ni es noticia. Y he ahí el error. Porque no fue 'kale borroka'. Algo está pasando. Y es general. Lo del contenedor de Bilbao, me lo contó alguien que les vio cuando salía de trabajar de un bar de la zona. "Antes podían llevarse los vasos, pero ahora los rompen por diversión", añadió consternado. Lo surrealista fue que, mientras me lo contaba sentados en la cafetería Jardines, observamos a un grupo de señoras, con casi cuatro veintenas cada una, arrancando las flores que los empleados del ayuntamiento habían plantado el día anterior. "Ahora, vendrán más. Se las llevan a sacos", comentó un cliente. Un servidor ya había visto practicar pequeñas sustracciones antes. Pero un 'alunizaje floral', tan multitudinario, jamás. Quizá por eso, no me sorprenden ciertos datos.
El Ayuntamiento de Bilbao ha gastado, en lo que va de año, 1.458.960 euros en la reparación, reposición y limpieza de mobiliario urbano por actos vandálicos. Esta partida por cierto, incluye la retirada de carteles y pancartas. El día que vea a un político retirando lo que puso el primer día de campaña daré volatines. En fin, sigamos, también incluye la limpieza de pintadas, que ha ascendido a 887.865 euros y la reparación de zonas de juegos infantiles y plazas que se ha elevado a 104.253 euros. También se recoge la limpieza y arreglo de parques y jardines, que ha superado los 800.000 euros. Hasta aquí la noticia. Pero he seguido su estela. Y se ha vuelto a repetir el caso. Seguimos tolerando el delito. Lo convertimos en simple error, expresión de rebeldía o acto de justicia. "Un grafitti es una manifestación del pueblo que no debe ser silenciada", decían en la radio. Como si no hubiera diferencia entre un graffiti y una vulgar pintada. Por no hablar del lienzo. La reivindicación siempre se escribe en pared ajena. Por algo será.
"Más nos cuestan los políticos", decía otro. Como excusa es pobre. Cuestan más. Pero eso no justifica que alguien rompa una fuente. Salvo que, oh milagro, resulte efectivo. O beneficie a alguien. Lo digo porque un internauta intentaba explicar ayer el lado positivo de una pintada. "Alguien tiene que limpiarlo y eso genera trabajo". Por esa regla de tres, alegrémonos del incremento de la delincuencia porque así se necesitarán más policías, abogados, fiscales y jueces. Y volviendo al caso del robo de flores, felicitemos al gremio de jardineros. Más flores, más trabajo. Y ya puestos, llenemos los parques de excrementos y residuos. Así contratarán a alguien para limpiar nuestra falta de civismo. Pues les aseguro que ese internauta no es el único que lo afirma con vehemencia. Igual que en el colegio cuando decíamos "que se jodan los curas", si alguien rompía un cristal. Al final, por supuesto, lo pagaban nuestros padres.
Ese creer que lo público es nuestro, pero lo paga el Poder, viene de viejo. Y es lo contrario. Lo público, casi siempre es del Poder y lo pagamos nosotros. Por eso la noticia no siendo, ni de lejos, la más importante de la semana, resulta inquietante. Porque no se trata de un problema generacional. Sino general. Pueden ser veintañeros u ochentañeros, estudiantes o jubilados, dueños de mascotas o padres de futuros delincuentes, romper señales o destrozar zonas infantiles, hacer pintadas o robar flores. Es evidente que hay delitos y grados. Y que cada uno, merecerá diferente trato y pago. Pero, en el fondo, tienen un mismo poso. El de una sociedad que no entiende el valor de lo público. Y aun menos, su significado. Quien quiera romper, manchar o robar, que lo haga en su casa. Le va a quedar monísima.

Jon Uriarte, El Correo. Noviembre 2011

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